David Moreno se despojó por unos minutos de su traje estrictamente político para asumir el rol más importante de su vida: el de papá orgulloso. La localidad sumó así un tierno dato de color a su historia local.
Hay momentos en la vida de un pueblo donde la investidura institucional da paso a la emoción más pura. Eso fue exactamente lo que ocurrió un viernes por la mañana en la municipalidad de Piquillín, cuando el intendente local, David Moreno, se despojó por unos minutos de su traje estrictamente político para asumir el rol más importante de su vida: el de papá orgulloso.
La ocasión lo merecía. Del otro lado del escritorio no había dos vecinos desconocidos; estaban Malen, su hija, y su novio Santiago, un joven oriundo de la vecina localidad de Río Primero.
Moreno tomó juramento a los novios en un despacho cargado de emoción, y aunque el mandatario no pudo usar la lapicera oficial, lo importante fue lo simbólico del acto: no todos los días la historia familiar y la institucional se escriben en la misma página.
Piquillín sumó así un tierno dato de color a su historia local. Una mañana de viernes diferente, donde la burocracia se tomó un respiro y el Registro Civil se llenó de la calidez que solo los pueblos del interior cordobés pueden regalar.



