Otros cuatro sospechosos fueron imputados junto con el falso pastor. Se los acusa de explotación laboral y reducción a la servidumbre. Los hechos sucedían en San Francisco y fueron denunciados en la misma localidad.
Se jactaba de tener comunicación directa con Dios y ofrecía «sanación eterna«. Eran los principales argumentos con los que el líder de una secta captaba gente en San Francisco.
Los hechos se habrían producido desde 2017 hasta la presentación de la primera denuncia en septiembre de 2020. El falso pastor fue detenido a comienzos de 2021 en San Francisco pero a los pocos días salió en libertad.
El falso pastor, Elías Argüello, ahora fue procesado por la Justicia Federal, acusado de trata de personas con fines de explotación laboral y reducción a la servidumbre. Permanece en libertad, pero le trabaron un embargo de 10 millones de pesos.
Otros tres sospechosos son considerados coautores del mismo delito. Un quinto imputado está señalado como partícipe necesario y el embargo es por 5 millones de pesos, según resolvió el juez federal de San Francisco, Pablo Montesi.
Argüello lideraba la secta «Dimensión Cielo» con la que habría captado por redes sociales a por lo menos siete víctimas, quienes fueron distribuidas en domicilios de San Francisco y otras localidades de la provincia.
Con discursos religiosos, el falso pastor se atribuía capacidades curativas y aseguraba que esos «poderes» también los tenían su esposa y su hija menor de edad. El juez remarcó el grado de vulnerabilidad que presentaban las víctimas.
Según la investigación de la fiscal federal María Schianni, las víctimas eran explotadas en tres domicilios. En uno de ellos funcionaba «Barritas y más», donde elaboraban productos de panificación y viandas light. En otro local montaron una inmobiliaria y el tercero era la «Casa de Oración».
Los investigadores aseguraron que las personas rescatadas eran «reducidas a la servidumbre«. «Debían prestar servicios de elaboración de panadería o venta en la vía pública o en transporte público, atender en la inmobiliaria y servicios domésticos en la casa particular del falso pastor cocinándole y atendiendo a sus hijos», advirtieron.
Por otra parte, afirmaron que las víctimas eran sometidas a jornadas laborales que se extendían durante 14 horas y no había días de descanso. Recibían «un salario ínfimo o a veces inexistente», remarcaron los pesquisas.
«Residían en condiciones de hacinamiento, con una alimentación deficiente, humillaciones y maltratos psicológicos, control de salidas y comunicaciones, y control de la sexualidad y de su vida privada en general», señalaron en la resolución del juzgado.

